Hoy por la noche, como todos los años, habrá una cena familiar para recibir el Año Nuevo. No podrá estar toda la familia presente, ya que mi primo se fue de viaje a Oaxaca y mi papá está en otro Estado. Siento que cada año que pasa se nota más que estamos creciendo, ya no tenemos 8 años y pasamos las festividades todos juntos como una gran y numerosa familia. Pero está bien, ya que eso significa que al no ser tantas personas hay menos pleitos a la hora de comer. Este año es específicamente especial para mí (y para mi primo de mi edad, seguro) ya que es la prueba definitiva de que he crecido, dejando atrás la etiqueta de adolescente de un día para otro para ser considerada por nada y nadie más que para el gobierno como adulto, aunque para los demás siga siendo una adolescente hasta que mi rostro cambie.
Me siento en un momento algo complicado de la vida, ya que tengo que dejar atrás a personas y cosas que me acompañaron estos últimos años. Creo que no es nada más que la nostalgia de la fecha y el peso que se le pone ya que esto significa, un nuevo comienzo.
Tal vez el 2025 no fue de mis mejores años, pero aprendí mucho y creo haber crecido como persona más este año que cualquier otro, por eso, no fue un mal año. Me despido de este año agradecida por todo lo que me dio y por demostrarme que entre el miedo a crecer y las ganas de experimentar cosas nuevas, es mejor perderle el miedo a todo, porque solo vivimos una vez y nunca volveré a tener 17 años otra vez.
Carpe diem.
31/12/25
No hay comentarios.:
Publicar un comentario